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La muerte es una de las pocas certezas que tiene el ser humano a lo largo de su vida. No sabemos cuándo va a ocurrir, pero sabemos que se producirá tarde o temprano. Y esto es algo que nos produce miedo, porque es una situación por la que no queremos pasar. De ahí que la mayor parte de las religiones se hayan centrado en este tema. En el caso de la muerte cristiana, se considera que esta es solo un paso más hacia la vida eterna.

Qué es la muerte para el cristianismo

Para la fe cristiana la muerte no es más que un tránsito que nos lleva a dejar la vida temporal que tenemos actualmente y avanzar hacia la vida definitiva o eterna. Por eso, la muerte en el cristianismo no se ve como un final sino como un comienzo.

Tal y como se desprende de múltiples frases de la Biblia sobre la muerte, es algo con lo que debemos aprender a convivir, ya que forma parte intrínseca de la propia vida.

Además, desde la fe cristiana se percibe la muerte como un trance que afecta mucho más a la familia y a los amigos de la persona que fallece que a quien ha muerto, puesto que esa persona ya ha emprendido su camino hacia la vida eterna, mientras que quienes permanecen en esta vida temporal tienen que acostumbrarse a estar sin esa persona que se ha ido.

Qué hay después de la muerte para la religión cristiana

Preguntarnos, “¿dónde vamos cuando morimos?” es algo bastante frecuente. Incluso quienes no profesan ninguna fe religiosa se han planteado alguna vez esta cuestión.

Es una duda que lleva rondando al ser humano desde el principio de los tiempos, y cada religión da una explicación diferente a esta cuestión. En el caso de la muerte cristiana la idea imperante es que se produce una separación entre el espíritu o el alma y el cuerpo.

El cuerpo se queda aquí, y será velado, honrado con flores y finalmente enterrado o incinerado. Mientras tanto, el espíritu ya ha comenzado su viaje hacia el paraíso, que no es otra cosa que un lugar de reposo. Y justamente en ese lugar se encontrará con los espíritus de aquellos seres queridos que partieron antes que él.

Pero la llegada a ese paraíso o lugar de reposo tampoco es el final. Los espíritus están allí a la espera de recibir el don de la resurrección, momento en el que cuerpo y alma puedan volver a estar juntos de nuevo.

Ese cuerpo ya resucitado estará libre de dolor, de enfermedades e imperfecciones. No podrá morir y por tanto vivirá eternamente.

La idea de que la muerte solo es el principio de un nuevo camino, sirve de gran consuelo tanto a quienes están próximos a pasar por este trance, o tienen algún familiar que está a punto de hacerlo, como a quienes han perdido a un ser querido.

Pero, a pesar de lo consoladora que pueda ser la muerte cristiana, es importante que prestemos todo nuestro apoyo a aquellas personas que están a punto de partir o que han perdido a un familiar o amigo. Visita nuestra tienda de Flores para difuntos