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Recitar un poema para difuntos durante la celebración de un funeral es una de las mejores y más bellas formas de despedir a un ser querido. Junto al homenaje que representa una ofrenda floral con ramos, centros y coronas es una de las tradiciones más antiguas entre los ritos funerarios, tanto en Oriente como en Occidente. La poesía es el género más emotivo de la literatura, capaz de condensar en unas pocas líneas todos los sentimientos y emociones de los seres humanos, elevándolos a la forma más pura de arte.

Es tanta la tradición de los poemas funerarios que incluso recibe un nombre desde los tiempos de la Antigua Grecia: elegía.

La elegía en la tradición occidental

Este subgénero de la poesía lírica designa a los poemas de lamentaciones por la pérdida de un ser querido. No hay que confundirla con los epicedios o epitafios, emparentados con los epigramas, otro género lírico, y que son grabados en los monumentos funerarios.

La elegía tiene su origen en Grecia, en una época tan temprana como el siglo VII antes de Cristo, en tiempos de Homero. Los poemas de despedida a un ser querido fallecido eran cantados con acompañamiento de lira y/o flauta. Fue uno de los géneros más practicados por rapsodas y aedos, ya que a todos unía, y nos une, la pérdida de un ser querido en algún momento de la vida.

Los poemas para difuntos también fueron muy comunes en tiempos de la Antigua Roma, con grandes líricos como Ovidio, Propercio y Tibulo. De la herencia latina se ha alimentado la gran tradición elegíaca de las letras hispánicas.

Los poemas para difuntos más emotivos

No es necesario que los poemas de despedida a un ser querido fallecido sean de autores conocidos. Incluso pueden ser poemas propios, compuestos en el dolor del momento. Sin embargo, no son pocas las elegías que nos pueden inspirar en tan difícil trance. Estos son algunos de ellos.

Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique

La elegía más conocida, y probablemente la más bella de entre todas las de las letras hispánicas. Obra de Jorge Manrique, fue escrita a finales del siglo XVI. Obra capital de la literatura española, Coplas a la muerte de su padre es un canto de dolor por la muerte del progenitor del autor, cuyos versos han sido recitados infinidad de veces en funerales desde su composición.

Manrique presenta a su padre como un buen cristiano durante su vida, y un hombre valiente y sereno ante la muerte.

Elegía interrumpida, de Octavio Paz

El gran poeta mexicano nos habla en este poema para difuntos del estancamiento espiritual que supone la pérdida de un ser querido, que provoca la sensación de que el tiempo se haya congelado, al igual que el alma. En la composición Paz recuerda frecuentemente a todos los muertos de su casa.

Elegía del recuerdo imposible, de Jorge Luís Borges

Elegía del considerado mejor literato argentino de la historia que tiene como tema central la añoranza, tanto de sus seres queridos como de sus recuerdos. Borges anhela la memoria y rechaza el olvido, algo que todos hacemos cuando despedimos a un difunto.

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